El prisionero del halo, un paciente escribe un libro para contar su experiencia tras una extrema intervención de columna
“Porque cuando alguien atraviesa uno de los momentos más difíciles de su vida, sois vosotros, los sanitarios, quienes dan luz y, sin darnos cuenta, una palabra amable, una mirada humana, una sonrisa en el momento exacto o una mano en silencio pueden cambiar por completo un día oscuro”.
Este es un fragmento de la dedicatoria escrita a mano por Jesús Muñoz en un libro en el que cuenta su paso por el Hospital de Neurotraumatología y Rehabilitación del Virgen de las Nieves. Tres años después de una compleja intervención quirúrgica, vuelve a este centro sanitario para entregar dos ejemplares del libro que ha escrito en este tiempo, ‘Prisionero del halo’, uno para el equipo sanitario que lo curó y cuidó, y otro, para los pacientes y familiares que pasan por esta situación y puedan sentirse más arropados.
Para ellos, el autor también tiene unas palabras alentadoras: “Y esta dedicatoria también es para todos los enfermos que ahora mismo luchan en una habitación de hospital en silencio, con miedo, dolor o incertidumbre. No perdáis la esperanza. Incluso las noches más largas, siempre existe una pequeña luz esperando resistir con vosotros. A las familias que sufren desde fuera de la habitación mientras intentan mantenerse fuertes por amor. Gracias también”.
La vida de Jesús Muñoz, al que diagnosticaron al nacer neurofibromatosis, una enfermedad genética que en algunos casos desarrollan escoliosis o deformidades de columna, dio un giro de repente. En 2023, comenzó a sentirse mal y perder movilidad y, ‘de golpe’, necesitó muletas para poder andar.
Su “suerte”, como repite siempre que puede, fue “caer en las manos” del cirujano Antonio Luis Pérez Abela, jefe de la unidad de Columna del servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del hospital granadino, quien lo esperaba en el pasillo de la planta del hospital donde el escritor novel pasó 33 días y a la que volvía para regalar su obra que fue recibida con mucha emoción por enfermeras, técnicas de cuidados auxiliares de enfermería y médicos.
Hoy, Jesús hace una vida normal sin apenas dolor, pero, para llegar a este momento, no sólo se sometió a una arriesgada cirugía, sino que la preparación y la recuperación requirió de mucha resiliencia y esfuerzo.
Pérez Abela explica que fue “un caso complejo de cirugía para corregir una deformidad en la columna, una especie de artrosis por la que ya se había sometido a intervenciones previas sin éxito, debido a que, por su enfermedad, tiene los huesos muy pequeños”.
Esta situación clínica de columna muy deformada, con cifosis y escoliosis, alrededor de la médula, obligó al equipo médico “a ser muy cautos en la cirugía para que la médula se fuese adaptando poco a poco, lo que conllevaba mucho riesgo por las complicaciones que podía ocasionar, como perder la movilidad de las piernas u otras vitales”.
El paciente asumió este paso determinante en la curación de su enfermedad, pero, antes de entrar en el quirófano, se tuvo que someter a otra prueba de fortaleza.
Como indica el especialista, “en estos casos se pone un halo que es una especie de corona fijada a la parte externa del cráneo a la que se le cuelgan unas pesas para que, durante unos días, la columna vaya estirándose poco a poco y la médula se adapte progresivamente para conseguir una situación óptima para la cirugía definitiva”.
Jesús llevó este simbólico halo que da nombre al título del libro las 24 horas de día, en silla de ruedas, en el andador y durante el reposo nocturno en la cama. Llegó a soportar hasta 25 kilos.
El escritor recuerda estas semanas, en plena pandemia por el Covid, en la que las visitas estaban restringidas, de forma consciente, valiente, orgulloso y agradecido. Emociones que describe en su libro al que dedicó más de dos años en dar forma y que, como reconoce, “le sirvió de terapia”.
La supervisora del área de hospitalización de Traumatología, Consuelo Gómez, destaca la humanización de los cuidados, más aún, en pacientes que requieren una hospitalización de larga duración. “Debe de ser lo más humana posible, intentamos que se sientan lo más parecido posible a estar en casa”, apunta esta enfermera que recuerda a Jesús, “como una persona bastante especial, con un gran sentido del humor, algo muy importante para una mejor recuperación”, apostilla.
Una cirugía que cambió su vida
Cuando la estabilización de la columna fue la apropiada, el equipo llevó a cabo un extrema intervención quirúrgica en dos fases: la primera en colaboración con el servicio de Cirugía Torácica, en la que se accedió a la raquis a través del pulmón, un procedimiento en el que es fundamental la pericia de los especialistas de Neurofisiología Clínica, quienes controlan que los nervios que van por la médula a través de del conducto espinal no estén lesionados, y de los de Anestesiología que aplican una precisa ventilación pulmonar durante toda la cirugía que duró más de ocho horas.
El cirujano apunta que “como el paciente tenía varias operaciones previas, fue más difícil por las cicatrices que hicieron más complejo el abordaje” y añade que “tuvieron que implantar injerto de las costillas del propio paciente y algunos dispositivos mecánicos para dejar la posición de la columna casi correcta”. La segunda fase del procedimiento quirúrgico se llevó a cabo una semana después con el fin de fijar los tornillos en la propia columna vertebral.
Jesús ha superado esta fase de su vida con mucha entereza, gracias, en parte, a su afición por la literatura que inicia con este libro, ‘Prisionero del halo. 33 días en la mente y en el corazón’, un testimonio de entereza y gratitud que, por su sinceridad y cercanía, se convierte en un texto reconfortante para aquellas personas que han pasado o están pasando por un proceso de salud similar.